Calzadillas, el cañon de las grandes piedras

El cañón de Calzadillas, en Almadén de la Plata, parece obra de gigantes de otro tiempo. El pasado 17 de febrero lo descendí con unos amigos, depués de realizar por la mañana el descenso de Risco Blanco, situado en el mismo paraje de la Sierra Norte. A pesar de la accesibilidad de su cabecera y de la sencillez de su recorrido, sus dos rapeles del inicio y su pasillo de salida, con grandes piedras encajonadas, lo convierten en una de las joyas, que la naturaleza caprichosa ha ido forjando a lo largo de los siglos. Uno de los rasgos más característicos de este Barranco son las piedras que se mantienen inmóviles y en equilibrio, a pesar de su tamaño colosal.

Invito a todos los colegas que hacemos este deporte a que disfrutéis con la magia de sus parajes, a través del siguiente reportaje.

El primero de los obstáculos llega en forma de una gran balconada con dos rapeles encadenados, con una sucesión de marmitas en su zona central. Las instalaciones no tienen un acceso complicado. Empleamos para el primer rapel de 14 metros, la reunión del centro.

El pasillo, es un “jacuzzi” natural perfecto. Y aunque el cañon lleve poca agua, nunca pierde la limpieza y la belleza. Dan ganas de quedarse un rato disfrutando del baño.

Una vez se llega al otro extremo de la poza en la que está mi compañero José Ángel, desde el borde se puede saltar al centro sin problemas. En el margen izquierdo hay un pasamanos de aproximación a la reunión del siguiente rapel.

La lengua de tierra en la que esperan mis compañeros es unos de los marcadores que indica que el barranco va tranquilo. Si fuera en carga, además de notarse en la cascada, la tierra desaparecería bajo nuestros pies.

Así de alegre se lo encontró mi compañero Ángel en marzo de 2017…

A partir de este rapel, el cañon se abre en una sucesión de pequeñas pozas.

Aquí se puede realizar un salto e incluso realizar un tobogán, cuando el cañón lleva mayor cantidad de agua. En ocasiones como esta, el obstáculo se puede superar por la margen izquierda sin mayor dificultad.

Poco a poco, vamos llegando a la parte más exquisita del recorrido, un estético pasillo de salida de 90 metros, caracterizado por sucesivas piedras encajonadas y profundidad suficiente como para saltar de más de un sitio. Igualmente tiene varias instalaciones.

Nosotros optamos por utilizar la de la pimera piedra, que supone un rapel de al menos 15 metros desde una reunión del margen izquierdo geográfico. Desciendes bajo el agua que baja en cascada hacia la badina…

¡Y lo mejor!, hacer un rapel bajo la lluvia improvisada del salto de agua y darte cuenta de que tus amigos te están esperando en una cueva secreta que sólo unos pocos conocen…

Qué fríaaaaaaaaaaaaa! estaba el agua…

Tras nadar por el pasillo, la salida puede hacerse por estas rocas de la margen derecha. Desde allí, el recorrido hacia los coches es de apenas 200 metros por el bosque.

Mi agradecimiento a Ángel González por las fotografías de esta reseña.

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