Risco Blanco, un barranco (a veces) tranquilo

El pasado 17 de febrero de 2018 un grupo numeroso de barranquistas nos fuimos a realizar el descenso del Cañón de Risco Blanco, situado en el Parque Natural Sierra Norte de Sevilla, próximo a la localidad de Almadén de la Plata. Yo lo había hecho en varias ocasiones y había muchos compañeros que no lo conocían. Nos encontramos el cañón con un caudal bajo, ya que en los meses anteriores no había llovido mucho. nada que ver con estas últimas semanas en las que se han podido ver fotografías y videos con un caudal tan alto que los hacía impacticable. Designamos varios instaladores y decidimos que el grupo hiciera todo el barranco juntos, aunque en esta caso, no se trata de un descenso de rapeles continuados como puede ser el Sauce en Yunquera o Lentegí en Granada.  Como dato curioso, ese día el agua estaba más fría que en otras ocasiones y seguía resbalando como siempre.


En esta reseña quiero aprovechar también para hacer una comparativa gráfica de las diferencias que pueden apreciarse en este barranco en función de nivel de caudal, dado que hace un año también realicé este descenso y entonces tenía bastante más agua que ahora.

Una de las primeras situaciones que nos encontramos es una rampa en la que suele caer agua por la zona derecha, por la cual no recomiendo que se realice el tobogán. Justo a la derecha de la caída de agua hay una reunión. En una ocasión rapelamois porque con la cantidad de agua que caía no veíamos claro por donde realizar el tobogán. Una vez que conoces la zona de acceso a la badina siguiente, es una forma muy agradable de acceder a la badina profunda. Para asomarte a este tobogán, previamente puedes realizar un salto ajustado a una pequeña poza que en los momentos en los que el barranco está tranquilo puedes apreciar el fondo (para evitar las rocas) y aún así tiene profundidad para realizar un pequeño salto.

Así estaba esta parte del cañón en febrero de 2017.

Otra opción es aproximarte por la izquierda geográfica, como mi compañero Alejandro, y realizar un salto limpio de unos 5 metros de altura.

Una verse nada esta badina, tenemos dos posibles reuniones. Una en el margen izquierdo y otra en la derecha. Esta última la suele usar casi todos los barranquistas, porque tiene un acceso cómodo y el rapel es a una plataforma de piedra, desde la que puedes destrepar hasta la siguiente reunión o bien realizar un salto algo más comprometido a la poza lateral. Desde allí puedes ir nadando para hacer el siguiente rapel.

Se trata de una de las mejores vistas de la parte superior de este cañón, cuyo lecho de roca es granito. Sus badinas son profundas y no suelen perder su profundidad. Donde está mi compañero Pepe, es la plataforma en la que algunos compañeros pueden esperar para realizar el rapel de salida de esta parte del cañón. La badina que se vé a la izquierda de la foto es a la que se puede saltar opcionalmente.

Desde esta poza se ve esta cascada espectacular. En febrero de 2017 me la encontré con algo más de agua…

Instaló Alejandro el rapel de salida de la primera parte. Es un poco resbalzadizo y algunos se dejan deslizar por la roca y otros bajan caminando por la pared como pueden…

Si ahora pensáis que lleva agua, mirad cómo iba esta parte en febrero del año pasado…

Tras realizar este descenso, se puede caminar por una repisa que hay hacia la derecha y realizar un salto desde un pequeño promontorio hacia la badina. Tras nadarla comienza el periplo para llegar a los dos últimos rapeles de la parte inferior de este cañón. Consiste en un conjunto singular de dos rapeles comunicados por una marmita de reducidas dimensiones. El primero de los descensos de 12 metros y el segundo de 19 metros, que desemboca en una singular piscina de 30 metros de largo.

 

Es un paso complicado y de hecho cuando el cañón está en carga a veces es conveniente no meterse aquí pues el agua empuja en la marmita y el paso hacia la siguiente reunión está bastante expuesto. Por dicha razón, para esta parte del descenso debe realizarse la instalación del rapel de 12 metros y que alguien baje y se adelante para colocar una daisy o cuerda de nudos en la repisa, con la finalidade que el resto de compañeros se puedan anclar desde el agua y remontarla con seguridad hasta que lleguen al pasamenos de cable que les conducirá a la reunión del rapel de 19 metros.

En esta ocasión realicé un salto a la marmita y me encargué de gestionar el último rapel del cañón.

El resto de compañeros optaron por realizaron el descenso con cuerda que había instalado Rubén…

En febrero de 2017, por esta parte bajaba el caudal así…

El acceso al último rapel es quizá el paso que lleva a que este descenso dure más de lo esperado. Si el grupo es muy grande y no se racionaliza, a l final puedes tener a mucha gente esperando en la marmita anterior, con agua bastante fría, y la persona que instala permanece en un sitio expuestos, anada cómodo, con el aire impactando durante un gran periodo de tiempo.

Desde este balcón se ve la badina de salida y el rapel es espectácular…

La vista de este salto de agua de 19 metros es aún más impresionante desde la badina en la que muere, una vez descendido el cañón. Hay que alejarse un poco para apreciar su belleza, como los buenos cuadros impresionistas.

 

Mientras terminabamos de bajar, algunos de los compañeros aprovecharon para comer en la playa de esta poza o hacer algún que otro salto…

Para regresar a los coches, hay que progresqar un poco más por el barranco, donde se sigue apreciando la belleza geológica de esta paraje…

Mi agradecimiento a Agustín, David y Ángel por la cesión del soporte fotográfico de esta reseña.

 

 

 

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