Garganta de las Buitreras (Málaga)

Mi compañero Mariano y yo realizamos el sábado pasado, 5 de agosto de 2017, este singular descenso que discurre por el encañonamiento que produce el río Guadiaro a su paso por la Garganta de las Buitreras. Se trata de un codiciado descenso, de interés internacional, que solo se puede realizar entre los meses de junio y octubre, ya que el resto del año el transcurrir del agua por este medio angosto lo convierte en peligroso e inabordable. Nosotros hemos tenido la suerte, a pesar de los comentarios de algunos colegas, de encontrarnos un cañón que en la mayor parte de su recorrido tenía un nivel óptimo de agua y que su aspecto y su olor eran aceptables. Obviamente, el caudal estaba bajo y eso se notaba en algunas de sus partes, y el olor en las zonas donde el sol entraba a veces se notaba un poco, pero nos hemos llevado una grata sopresa y la suerte de haber podido por fin realizar este descenso, en condiciones favorables.


Al ir dos compañeros, no pudimos realizar la combinación de coches y la habitual aproximación por la Casa del Cabrero, por lo que tomamos el camino del río remontando casi 2 horas a pleno sol desde El Colmenar. De fondo en las fotos anteriores se ve la badina de salida, “El Charco del Moro”, primer estadio esperanzador antes de la escarpada subida que nos llevará a lo largo de los paredones del cañón hasta enlazar con la senda que baja desde el Cortijo del Cabrero y desde allí el recorrido será de bajada hasta desembocar primero en el “Puente de los Alemanes” y posteriormente, a un tiro de piedra, en los inicios de la Garganta, dejando la vía del tren a nuestra izquierda.

En la actualidad, el conocido como Puente de los Alemanes, enclave singular en el camino a Cortes de la Frontera desde El Colmenar, tiene unos pasamanos de seguridad, ya que la caída sobre el Cañón del Guadairo es de 60 metros. La placa para realizar el descenso sigue estando en la parte izquierda de la foto, pero casi nadie rapela desde allí. Porque está prohibido y porque evitarías hacer los dos primeros rapeles. Este sitio también resulta un buen lugar para hacer una comprobación del caudal de la mitad del barranco y para ver si hay grupos por delante, pues con tanta angostura y tanta badina, no conviene permanecer mojado mucho tiempo en los resaltes iniciales… Tras realizar el primer rapel, progresamos bajo unas rocas encajonadas, hasta llegar a la cabecera del segundo que estaba instalado… Desemboca en un pasillo con poca profundidad y rocas en su lecho que nos obligó a gatear sorteando las grandes piedras del fondo.

Los grandes troncos encajonados serán una constante en todo el recorrido, a veces incluso impidiendo nuestro paso y obligándonos a trepar por ellos…

El capricho del agua, socava en la roca de Buitreras formas imposibles, que si dejas volar a la imaginación te recuerda a otros sitios igualmente remotos como el mítico Cañón del Río Colorado…

Agua fría, pasillos y angosturas sombrías, lo que hace practicamente obligado el neopreno completo durante la mayor parte del recorrido (…)

Este tronco figuraba incrustado, amenzador por encima de nuestro paso, en la badina bajo el Puente de los Alemanes. ¿Y si se cae?

El paso de la roca, afortunadamente sin llegar a estar sifonado. Aún así, le faltaba poco porque no apreciamos que el caudal estuviera más bajo de lo habitual en esa parte.

Como teníamos un grupo cercano, prácticas de instalación en este resalte que podría destreparse…

No había movimnientos de agua en este pasillo angosto, por lo que al no tener referentes para el salto, decidimos optar por el rapel. En otras ocasiones habrá que valorar el salto, cuando los movimientos de agua hagan imposible el rapel desde la primera instalación. Donde está subido mi compañero Mariano no es el caparazón de una tortuga gigante, si no una roca de peculiar forma y color que había en una badina anterior al comienzo de los ocuros de la garganta…

Tras hacer el tarzan para evitar caer en dos marmitas trampa, realizamos un pequeño salto a esta badina previa a los oscuros del cañón.

Este tronco encajonado nos sirvión de pasarela en un paso particularmente estrecho. Y fuimos entrando en los “oscuros” no sin un miedo irracional que se remonta a la noche de los tiempos, y también con la curiosidad del buscador y del aventurero al que cada aventura, le parece nuevamente única y singular a sus ojos…

Antes de iniciar el caos de bloques y la sucesión final de pequeñas badinas, llegamos a la presa de los troncos. Como muestran las fotos, así nos la encontramos en esta ocasión.

¿Pintura Rupestre? Avanzando por el caos de bloques, encontramos formas caprichosas como esta que nos recuerdan a peces voraces y pirañas amazónicas.

Que caprichosa se vuelve a veces la naturaleza (…)

Casi llegando al final, un ensimismado murciélago descansaba agazapado en la pared desnuda de una de las últimas badinas.

El perro boxer de unos chicos que estaban saltando, vino a saludarme para darme el último aliento antes de terminar el recorrido por la fría badina de salida, después de 200 metros de recorrido nadando…

El baño final, tras el bocadillo, sabe a gloria. Y desde este paraje singular, iniciamos el regreso con la satisfacción de haber vivido una experiencia que solo unos pocos pueden experimentar… Gracias Mariano por tu compañía y tu apoyo.

¡Nos vemos en la próxima aventura!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *